Ring Ring… Contesto. -“Le puedo hacer una pregunta? Como hago para que se me mejoren las cosas…” Y luego empieza una lista de varios minutos de acontecimientos desafortunados.

Como consultora de Feng Shui, constantemente soy contactada para hacer asesorías y dar consejos basados en esta milenaria practica del balance. Siempre escucho con paciencia esas llamadas. Me imagino dos opciones: la persona al otro lado del teléfono espera que yo le provea “el consejo-mágico-milagroso-inmediato” ó simplemente necesitaba desahogarse.

Uno, dos, tres!

La metafísica china se compone de tres aspectos. La suerte del cielo sería la primera. Son aquellos aspectos que no podemos controlar. Es aquel fenómeno en el que aun si habitamos la misma casa, con la misma decoración por 6 años seguidos, algunos años nos va bien, otros mejor, y otros no tanto. Es aquello que no está dentro de nuestro control y especialidad de la escuela clásica llamada Xuan Kong.

Ejemplo de esta escuela para el año 2015 es una energía muy positiva relacionada la abundancia futura que visita la coordenada suroeste. Así las casas con puerta de entrada, dormitorio principal u oficinas situadas en esta coordenada tendrán la posibilidad de que se les presenten mayores oportunidades a favor de su abundancia futura. También hay algunas que cuidar. Por ejemplo, las casas o dormitorios con puerta Sureste deberían de resguardar mejor su salud pues pueden estar propensos a algún declive en su vitalidad. Para estas personas la recomendación sería tomarse sus vitaminas, cuidarse del sereno o llevar consigo un paraguas para caso de lluvia súbita.

La segunda parte la conforma la persona. Existe un análisis detallado llamado BAZI. Sirve para encontrar cuáles son nuestras fortalezas y aprovecharlas y cuales las debilidades para balancearlas. Según los maestros de la metafísica china el estudio del BAZI nos ayuda a conocer cuál es nuestro talento. Se dice que nuestro talento es aquello que hacemos bien. Y sería una verdadera lástima encontrar nuestro talento a los 88 años. Los análisis de BAZI y se pueden encontrar en Internet pero sería aún mejor encontrar algún maestro capaz de hacer una lectura seria y correcta.

La tercera parte la compone el Feng Shui, que es la parte de la tierra. Se dice que los seres humanos somos como una pajilla. Que tenemos la capacidad de bajar las bendiciones celestiales para luego mantenerlas en el espacio. ¿Pero qué pasaría si el vaso, la taza o el contenedor adonde estamos bajando esas energías estuvieran rotas, con grietas, sucias y en malas condiciones? Ese “contenedor” es nuestro espacio sagrado, hogar, dormitorio, oficina.

Así que mi respuesta a esas llamadas, siempre, es la misma:

“Sería totalmente irresponsable de mi parte darle cualquier consejo de Feng Shui por teléfono, sin ver el espacio, saber acerca de su Feng Shui personal, color, ambientación, formas y coordenadas cardinales de su casa, su dormitorio, su cama… Lo que SÍ le puedo sugerir es mover 27 objetos de un lugar a otro, de un cuarto al otro, de la sala a la cocina. Cuadros, muebles, adornos, almohadones. Más que suficiente para empezar a desbloquear y mover energía. Eso sí, -les digo como consejo final- asegúrese de ir con un trapito bien limpio y ojalá aromatizado porque no puede llevarse la telarañas ni el polvo viejo! Cada objeto que re-ubique, lo coloca bien limpio y brillante. Bonito!”

Todas las personas de las llamadas -sin excepción- se ríen al final de la conversación. Con sólo imaginarlo ya su frecuencia y la de su espacio, cambia.

El primer paso para hacer Feng Shui es mental, el segundo es descongestionar y el tercero aplicar alguna de las escuelas o sistemas de este efectivo arte ancestral.

La belleza de hacer Feng Shui en los espacios es que nos permite rodearnos de ambientes armónicos en los cuales podemos desarrollar todas nuestras capacidades, potencialidades y talentos. Cuando hay orden, hay belleza. Cuando hay belleza hay oportunidades de ver, de proyectar, de crecer. No es la lámpara colocada al Noreste la que nos “hará” más inteligentes, es la opción de tener más “luz” para leer mejor, para iluminar nuestro cuarto de estudio en un sector ideal para aprender. No son los patos mandarines al fondo a la izquierda del dormitorio los que “harán” que cesen las discusiones de pareja, es el simbolismo que colocamos para “recordarnos” que deseamos una relación amorosa, estable y fiel.